♣ Flujo y reflujo

                                                                                             IX

3           “Deja que los muertos entierren a sus muertos” dijo Jesús al joven que deseaba seguirle pidiéndole que antes de marchar con él le dejase ir a enterrar a su padre. ¿Se ha entendido bien esto? Jesús le dijo que esta era una vida de muertos vivientes y le insinuó que si quería de verdad volver a la Vida (resucitar) dejase en paz a los “muertos”. Su padre al que deseaba enterrar, ya no estaba en el mundo de los muertos, sino de los Vivos precisamente el camino que Jesús le enseñaría.

 El divino Ser, Dios, o Brahman, da igual el nombre que le demos, es un “Observador” eternamente presente en todas y cada una de las cosas que se manifiestan virtualmente en una especie de flujo y reflujo al que llamamos espaciotiempo. Su voluntaria Observación en un virtual descenso de la Consciencia ha provocado la creación del universo en una sucesiva secuencia, capaz de hacer posible que la materia tome todas las formas y sentimientos imaginables.

 Esta Consciencia es también el poder capaz de “vitalizar”  toda la materia generando en los mundos duales los miles de estados o niveles que definen cada grupo de cosas. Esta evolución es consecuencia del Poder capaz de organizar la entropía (el desorden) en el orden creciente que observamos  en todas partes y que ha sido definido como la evolución natural (de materia a vida).  Resulta extremadamente fácil definir las cosas cuando desconocemos su origen, y difícil aceptar esto último para la comunidad científica.

 Esta tendencia hacia el orden, es debida a que el Origen es un estado o Campo de Consciencia Ordenado de Simetría Absoluta (Alfa), y que por definición, solo puede “romperse” de forma Virtual teniendo que despertar de nuevo de algún modo, a la simetría o el orden absoluto del que en realidad nunca salió. De hecho nunca ha existido ni puede existir el desorden, sobretodo si aceptamos su origen omnisciente omnipotente y omnipresente. Lo que observamos es la Unidad virtualmente separada de lo Eternamente Unido, por medio de nuestra experiencia real”. Lo experimentable y lo virtual no son incompatibles. Todo “Es” en la Unidad aunque puede ser  experimentado fuera.

 Si “yo” soy una experiencia divina toda cosa es lo mismo con distinto grado de consciencia. Esto lleva a la conclusión definitiva que el bien y el mal no existen sino en la mente del observador, nombre que damos a los campos de consciencia formados por el Campo de Simetría Absoluta, proyectados  sobre pantallas espaciotemporales (universos). No son concebibles por nuestra razón experiencias eternas fuera del espacio y el tiempo. Sin embargo nuestra limitada razón no tiene, en modo alguno, la última palabra.

 Algunos “mensajeros” que aparecieron por esta Tierra físicamente, como aparecen seres de otros mundos constantemente en naves o sin ellas (aunque ningún Estado parece dispuesto a aceptarlo) dictaron una serie de informaciones de las que transcribo unas cuantas: “Dios Uno en un momento de Su Pensamiento que todavía existe, porque en Él no hay tiempo, creó (por su Intención) todas las cosas materiales para observarlas en Sí Mismo (según su Voluntad). En una parte de su Pensamiento reinó el caos y este, aún siendo divino, se separó de aquel. Vosotros sois Dios insertos en un cuerpo de materia que se “separó” de la propia perfección por motivos que solo Él conoce”.

 Otro de los “mensajeros” subrayaba: “¿No es acaso el conocimiento del bien y el mal lo que os atrapó en vuestros cuerpos? ¿Acaso vuestra desnudez no radica en el vacío en el que estáis inmersos después de conocer lo que es bien y mal?”

Caemos en la ilusión del deseo de todo bien, ya que desde este creemos poder luchar contra el mal, pero estamos destinados a despertar la Sabiduría (Consciencia) el Amor y la Libertad que anida en todas las cosas, mediante el trabajo y las experiencias que, vida tras vida, llevamos cabo hasta alcanzar el Árbol de la Vida eterna.

 Desde nuestra limitada capacidad humana con un pensamiento sujeto a nuestra esquilmada razón, es difícil comprender estas enseñanzas. Pero un día nos llega la muerte y todo termina. Todo menos la consciencia, esta seguirá observando otro nivel desde otro espaciotiempo y por tanto otras formas y maneras que ayudarán a experimentar el “Yo” situado en este otro nivel de realidad y compresión, con lo cual sabremos los errores cometidos y los engaños en los que caímos ocasionando desórdenes y asimetrías en la vida que acabamos de dejar.

 El alma y su revestimiento de carne son el resultado del Espíritu que proyecta virtualmente infinitos niveles de materia-energía. En el camino descendente, el Espíritu crea materia y todos los cuerpos se encadenan mediante el infinito tejido de las emociones.  En el camino ascendente hay que ordenar estas emociones para poder trascender las formas ilusorias de las cosas.  Podemos imaginar el alma como una proyección del Espíritu en el espaciotiempo, y al cuerpo como una proyección del alma en materia sobre otro espaciotiempo de materia.

 Según algunos de los “mensajeros” que fueron apareciendo durante algún tiempo, “las únicas creaciones de los hombres parecen ser ciertos cúmulos de baja energía-consciencia escindidos del propio individuo por sus sentimientos, conocidos como bajos astrales (los antiguos demonios) que se manifestaban en (o ante) ciertas personas intentando reintegrarse en el mismo campo (cuerpo) de energía-consciencia que los creó” y de cuyos sentimientos se alimentan. Parece ser que todas las cosas tienen como base un campo de energía-consciencia que estructura y organiza según el orden del que nacen o surgen.

 “Ellos” parecían enseñar que: “cuando se dice que Dios encarnó en Jesús es para explicar que en efecto, todos los seres humanos podéis ser como Él si alcanzáis el nivel de consciencia suficiente.  Se manifestó para dar ejemplo de comportamiento que vosotros no habéis seguido y en muchas ocasiones lo habéis adulterado intencionadamente. Os recordó que también sois Hijos de Él,  y por tanto podéis hacer maravillas solo con la fé en sus enseñanzas”.

 Al parecer, y a la luz de este tipo de mensajes, ni el hombre ni cosa alguna deja de ser Dios, pues Él está en Todo. Pero la consciencia queda disminuida por la rotura de simetrías que se conoce como la dualidad bien-mal. Cuanto menor es un campo de consciencia manifestado en la materia, menor será también el acercamiento al Todo, y esto no es una cuestión de materia porque: El sol es la mayor cantidad de materia acumulada en nuestro sistema planetario, y sin embargo en muchas culturas ha sido considerado como el símbolo de Dios, o incluso la manifestación de Dios en la Tierra que crea y da la vida. La materia, pues, también se Ilumina en forma de estrellas.

 Pero ¿a que llamamos un campo de consciencia menor? Todos los campos de energía que forman el campo del universo, se caracterizan por sus diferentes frecuencias. Los “niveles” de menor frecuencia son considerados “más pequeños” (menor energía). El campo de energía que visualizamos como el color rojo transporta menos energía que el azul o el violeta por ello lo consideramos “menor”. En un campo de energía-consciencia, consideraríamos que el “color rojo, transportaría menos consciencia y lo consideramos menor”. Pero la consciencia se manifiesta en todas las cosas a las que llamamos materia. Es claro que la banda que se manifiesta en materia inerte posee menor consciencia que la banda de los entes biológicos . Pero esto es una forma de hablar, del mismo modo que todos los colores forman la luz blanca, así también toda la materia visible forma el mismo campo de consciencia más allá de toda manifestación.

 Sin embargo siendo la materia una mera ilusión para experimentar la consciencia, de lo que se trata es de acumular consciencia y esta no solo puede residir fuera de la materia, sino que de hecho así es en realidad: la materia es Su experiencia. Cuando se acumula materia en el espacio, esta llega a un estado crítico y estalla en luz (fusión nuclear) naciendo una estrella. Esto es un buen símbolo, y significa que dentro de algunos seres el Espíritu a superado la materia (Cristo, Krishna, Buddha, Brahama, Hermes, Alá (Al-lah), transmutando “la ciencia en consciencia”.  Así han nacido los hijos de dios (Hijos de la Sabiduría Absoluta), encarnados o no, en ellos ha residido tal cantidad de energía-consciencia que con su P.V.I. (Pensamiento Voluntad e Intención) superaron en poder y dominio toda la materia de un planeta. Aunque esto es malo de entender por un ser humano, la energía-consciencia es superior en todos los aspectos a la materia-energía con la que se manifiesta en nuestro mundo.

 Según este tipo de enseñanzas, es necesario interesarse por el estudio de la naturaleza de todas las cosas, teorizar, imaginar, y experimentar (todas las cosas) en la materia aunque algunos no lo necesiten. Lo que no se debe hacer es confundir el mapa con el terreno, o los escritos y las palabras con la consciencia. La materia (las cosas) es una información como cualquier escrito que se haya estudiado: es bueno recordarlo pero es malo acumularlo y mucho más comérselo, pues esto impide que otros lo utilicen y además tiene productos venenosos, porque su finalidad no es ser comido sino ser estudiado, analizado alimentando el Alma (el Campo de Consciencia propio).

 No se debe pensar que es imposible llegar a ciertos grados de consciencia desde este mundo dual dividido, y poseído por la lucha debido a la estúpida creencia de que existen cosas buenas y malas, ciertas y falsas, entre las que hay que escoger constantemente; esto conduce a la desesperanza. Cuando se tiene la confianza suficiente, puede llegar la iluminación en el sentido de dar un gran salto más allá de la dualidad bien-mal y empezar a VER las cosas con ojos nuevos. La iluminación como toda cadena que nos ata a la materia, se rompe sin previo aviso, de repente. El salto de un nivel de consciencia a otro es repentino, como si uno encuentra la salida del laberinto al abrir los ojos del alma poco antes de perecer desfallecido de tanta búsqueda.

 Pero no hay salida de un laberinto sin esfuerzo, es fundamental primero darse cuenta que uno se encuentra en él. La salida se busca y trabaja por distintas vías. La Vía del conocimiento busca a través de la materia hasta que esta se agota en los propios matraces del laboratorio. La Vía Mística persevera en el ejercicio constante del Amor la Consciencia y la Libertad mediante la generosidad y la entrega infatigable a los demás. La Vía Iniciática conjuga las dos anteriores métodos mediante el correcto pensar y el correcto vivir cotidiano, penetrando periódicamente en el Templo que cada cual escoja (naturaleza o edificios) utilizando rituales y símbolos para franquear el Umbral hacia un nivel superior de consciencia.

 En los Campos de la Realidades superiores no existen premios ni castigos, sino evolución hacia mayor consciencia (ampliación del propio campo). La ignorancia o el conocimiento de los procesos interiores del hombre es lo que proporciona malestar o bienestar, infelicidad felicidad. Cualquier malestar nos habla de errores cometidos. El bienestar en cambio, nos habla de aciertos y actitudes correctas. No existe un Dios que juzga sino un espejo que al mirarnos en Él vemos con toda claridad dónde hay un roto del orden y la simetría. Cuando un ser humano es iluminado por la muerte, puede optar por nuevas formas evolutivas en planos cada vez más elevados o puede optar de nuevo con sus experiencias (o servicios) a la Tierra movido por la necesidad o la compasión. Si la muerte nos sorprende sin un nivel mínimo de consciencia, no gozaremos de tanta libertad para escoger posteriormente.

 El “yo” observador en los campos de consciencia, tiene siempre mucha mayor claridad que el campo en el que decidió realizar sus experiencias. Solo cuando estas han sido aceptadas como sacrificio y generosidad de servicio, tendrá la oportunidad de ser acompañado a más altos  niveles de consciencia en los cuales las experiencias se desarrollan por senderos de paz y felicidad. Nadie se escapa de su propio juicio, como ningún escalador escapa de morir congelado en una escalada a siete mil metros de altura si esta ha sido su voluntad para su última experiencia.

 Las distintas vidas en diferentes situaciones, son tan necesarias como rápida se desee la evolución de un ser. Sería insostenible que en unas pocas vidas se experimentase todo el sufrimiento y toda la felicidad imaginables para conseguir el propósito de alcanzarlas a TODAS de una vez. Hacia la unidad nos encaminamos por estados de consciencia. No podemos esperar enseñar matemáticas a un chimpancé en una sola vida, pero tengamos la seguridad de que en aquella oscura y peluda materia anida Dios y un día la convertirá en luz divina.

(Seguirá)

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